Una historia que nació una noche cualquiera viendo la televisión, sin prestarle atención. Desde hace un par de meses no sabía como empezarla, pero lo hice... Bueno espero que les guste mi primera historia y... se conserva el derecho de autor
Totalmente inesperado ...
-El relajante y armónico ruido del río creaba una sensación de bienestar a Sara. Con tan solo 43 años su vida era un completo caos. Ir a Bristol, cerca del Río Avon, según ella era la pésima idea. Recomendado por su psiquiatra, si no sería internada en un centro de ayuda durante un año, Sara tuvo que suspender todos sus compromisos de aquí a un par de semanas. Una mujer como aquella, divorciada, argumento perfecto para destruir su vida y sumergirla en una oscura depresión.
El olor a cigarrillo, cafeína y humedad eran los típicos olores de esta hermosa cabaña, pero a pesar de ser comunes, ahora estaban claramente pronunciados. Sara se encontraba sentada en un sillón de cuero negro con un libro en sus manos “El último Jurado”, junto a la pequeña mesa de centro de cristal se encontraba una taza con un poco de café frío y un cenicero con quince colillas de cigarrillo apagadas.
Las pronunciadas ojeras de Sara, demostraban que se había desvelado toda la noche y además un par de lágrimas se habían asomado por sus ojos. Sara acercó su delgada mano hacia la mesa, agarró con fuerza la taza de café llevándola a su boca donde hace un tiempo relucían unos labios de un hermoso color rubí. Pero ahora relucían desgastados y apagados. Sin despegar los ojos del libro e intentar beber un sorbo, se percató de que su tasa estaba casi vacía: Oh vamos, otra vez no. Entonces se levantó del tibio sillón en busca de su novena taza de café.
La cocina era muy amplia, con un comedor de diario muy lindo, y todo muy bien decorado con colores de una matiz beige. En una mesa blanca se encontraba lo único desordenado de la cocina reluciente. En ella se encontraban un par de frascos con pastillas antidepresivas y un tarro de café abierto sobre de un mueble de color banco invierno. Sara entró desesperada a la acogedora cocina en busca de su objetivo: café. Se encontró con que apenas quedaban tres cucharadas 100 %grano. Entonces cogió la taza de tonalidades verdes y la llenó con agua, arrojando todo el café que quedaba en aquel tarro. Sin azúcar bebió el primer sorbo y contenta volvió a sentarse en el cómodo sofá. ¿Dónde iba?... Lo más habitual en su servicio de… Oh si ya recordé-
Sara permanecía sentada en una lectura completamente concentrada, mientras bebía sorbos y sorbos de café. Sus ojos cansados se cerraban de a poco, pero ella se prohibió dormir hasta no terminar el libro....
En el cielo, se asomaba un espectacular crepúsculo relajante y acogedor, pero pronto caería la noche. Sara aún se encontraba leyendo “El último jurado”. La taza de café estaba prácticamente vacía y en la cajetilla quedaba solo un cigarro. El chirriante sonido de la tetera hervida desconcentraban a la muchacha que tras esos párpados cansados, ojeras y sin maquillaje, era una mujer realmente atractiva, por lo que rápidamente con cara de pocos amigos se dirigió a la inmaculada cocina. Entró como lo había hecho durante todo el día, y al percatarse y acordarse de que el café se había agotado gritó: -¡Santo Dios, ¿qué haré ahora?!- Sara desesperada, pues el café había sido su único alimento en todo el día. Abrió todas las despensas y muebles, pero nada. El café estaba completamente agotado. Si la cara de Sara estaba ojerosa y cansada, ahora estaba aterrada y llena de pánico. Entonces entre tanto buscar, encontró una preciosa y nuevísima botella de Whisky. Luego de dudar si la abría o no, cayó es una tentación para saciar sus vicios, así que pensó: –Por ahora esto me salvará- Entonces Sara abrió aquel Whisky y de la botella empezó a beber. Mientras bebía varios sorbos a la vez y se tranquilizaba un poco, se dio cuenta que su estómago estaba completamente vacío, lo que significa que el Whisky le caería pésimo, así que abrió la enorme nevera, donde había un par de yogurts y pan añejo de hace unos tres días. Tomó el pan que olía un poco extraño lo cortó en rebanadas y le echó mermelada de mora diet, ingiriéndolo rápidamente. –Que asqueroso. Pensó mientras digería el último trozo.
Volvió al sofá con la botella en sus manos y tomó el libro. Empezó a leer tranquilamente mientras cada un par de minutos bebía un sorbo de whisky. Así, sin darse cuenta, Sara bebió la botella completa sin dejar el más mínimo rastro de alcohol
La mujer, empezó a sentir mareos y nauseas por lo que lentamente empezó a quedarse dormida.
La noche había caído mientras los ronquidos de Sara retumbaban todo el lugar. La botella, completamente desocupada, yacía tirada en el piso junto al libro y la cajetilla de cigarrillos que ahora estaba vacía. Eran aproximadamente las ocho de la noche cuando Sara despertó gracias a unas peculiares lucecillas que aparecían por su ventana. –Me duele la cabeza. Se quejó en su fuero interno -¿Qué he hecho?- Se reprochó -y después el Dr. Kennedy me dice que no soy patética y que soy una mujer que tiene principios morales- Estiró sus delgados brazos y contempló el reloj que había en la sala 20:06, marcaba el reloj, mientras recobraba el sentido se acordó de lo que la había despertado de su profundo sueño. -¿Qué demonios….?- Dijo mientras observaba las extrañas luces de tono rosa, verde y naranjas que altamente pronunciadas se asomaban entre las cortinas que se encontraban entre abiertas. –Y siempre me dije a mi misma que no me emborracharía jamás- Se dijo en un tono irónico y burlesco.
Caminó hasta el baño, que por cierto era igual de agraciado que el resto de la casa. Todo decorado con colores blancos. Impecable sin una mancha de nada en ningún sitio, ni siquiera las típicas manchitas inocentes de agua salpicada en el espejo. Abrió la llave y se mojó su acabado rostro. Se observó en el espejo y volvió a pensar que era patética. Se secó la cara con una toalla pequeña y caminó hasta la cocina. En ella encontró lo que buscaba: Sus pastillas.
Entonces luego de esta rutina que durante días había sido a la misma hora se sentó en aquel sillón y retomó la lectura. Sara ni siquiera recordaba en donde había quedado. Las extrañas luces desaparecieron.
El molesto tic-tac del reloj desconcentró a Sara que aburrida de leer toda la tarde, quiso escuchar algo de música para relajarse. Caminando a paso lento encendió el moderno etéreo y colocó un disco de Enya. –¿Hace cuanto que no escucho algo de buena música? Preguntó en su conciencia. Tomó el libro, otra vez, y comenzó a leer de cualquier párrafo, pero sin prestar atención alguna a la lectura. Sus pensamientos se basaban en aquel disco. Su ex marido, Louis se lo había obsequiado para su cumpleaños número 35. Sara alegre lo abrazó y besó con toda la pasión del mundo, como si no existiera nada más que ellos. Ambos eran muy felices. Pero ella no recordaba cuando fue que su matrimonio comenzó a fracasar. Solo recordaba “la gota que derramó el vaso”, la infidelidad de su marido con su hermana menor. Como no lo pensó antes. Una muchacha joven, delgada, fina y distinguida. Una mujer que todos deseaban. Pero… ¿Cómo ella imaginaría que su esposo la engañaría con su propia hermana? Entonces fue cuando Sara comenzó a llorar otra vez y con toda la ira, sacó abruptamente aquel disco rompiéndolo en mil pedacitos. Entonces… volvió a la cocina por más pastillas.
Agarró el frasco y tomó dos pastillas de color azul. Con agua las bebió sin pensar y meditó un par de segundos.-Todo pasará. Saldré adelante, reconstruiré mi vida…pensó y volvió a la sala de estar. De repente mientras retomaba nuevamente el libro y se acomodaba, las mismas lucecillas aparecieron. Eran extrañas, tenían tonalidades en colores cálidos y se movían formando óvalos y círculos. Aquellas luces fosforecentes iluminaban la sala a todo su esplendor – ¡Por favor, ¿no será producto del whisky…? O si…- Gritó a los cuatro vientos mientras se reprochaba que estaba loca y que ya no podía seguir comportándose de ese modo. Las luces se posaron sobre su rostro molestando la visión, entonces Sara cerró con torpeza las cortinas y gritó: -¡No estoy loca, déjenme en paz! Furiosa y apenada por aquel comportamiento, pues las luces la seguían a cualquier sitio de la casa y de la sala, se encerró en el armario hasta quedar completamente dormida…
El molesto sonido de los aviones y helicópteros despertaron a Sara que se encontraba en el suelo del armario acurrucada. Su primer pensamiento fue: Aviones por estos lados. ¿Seguiré borracha? El dolor atroz de la cabeza por su bochornoso comportamiento de la noche anterior y de su cuello al dormir en una posición poco cómoda la hacían sentirse peor de lo que se sentía. Había actuado como una chiflada sin remedio, porque unas luces molestaron su “pacífica” tarde de domingo. Se levantó, luego de cinco minutos y caminó directo al baño. Un baño con sales minerales y soya la relajaron completamente, obligándola a olvidar el suceso anterior. Esa era una noche que no quería recordar y que sus amigos y parientes nunca se debían enterar o arruinaría toda la reputación de la mujer. El reloj de la moderna habitación marcaba las 11:48 horas. Con un gran alivio caminó a la cocina donde cocinó un par de huevos fritos y se tomó la caja entera de leche sin lactosa. Sara tenía mucha sed gracias a la botella que se bebió de whisky la noche pasada. Se sentó en el bonito comedor de diario y con gran apetito comió todo su desayuno. Al observar su cocina, se acordó de la hermosa tv plasma que se encontraba en la muralla entonces pensó: -Un poco de Distracción me hará bien – Haciendo zapping de canal en canal, vio un programa que le llamó la atención. Como era de suponer en una mujer culta como ella, era el canal CNN. –Oh, vaya- PENSÓ. Leyendo el titular de la parte inferior de la tv, decía: ALIENIGENAS VISITAN LA PROVINCIA DE BRISTOL El rostro de Sara palideció enseguida, haciendo resbalar el vaso de leche vacío sobre el suelo. Todo lo que ella pensó que era producto de su imaginación habían sido ovnis. Recobrando la compostura observó que estaban enfocando su casa mientras el periodista decía:
-Los “visitantes”, se acercaron a esta casa ubicada a las orillas del Río Avon, donde al parecer dejaron una especie de mensaje subliminal. Testigos comentan que una serie de luces y formas aparecieron de la nada, al igual que la “nave”. Por ahora esperamos que alguien salga de la casa y nos dé un testimonio. Vecinos comentan que hace días una mujer entró a la casa y que no ha vuelto a salir. Los dejamos con una entrevista de un testigo ocular de la situación:
-Yo vi que la mujer flotaba por los aires a través de sus rayos lacers que aparecían de la nave. Estoy seguro que ella tiene algo que ver en esto…
Si la propietaria del recinto se encuentra observándonos por favor de señales de vida… es muy importante para la Nasa y para el mundo entero contar con su relato de lo sucedido
Sara en shock, siguió cambiando los canales, percatándose que en todos salía su casa y hablaban sobre los alienígenas que la fueron a visitar la noche en que ella menos lo esperaba…
by: Belle Saint-Clair
viernes, 5 de junio de 2009
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